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"Ciudad Luz"

Historia

El día que Belgrano escondió la bandera

 


Monumento a la bandera.

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  • "Haga pasar como un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente", le escribió a Belgrano Bernardino de la Trinidad González de Rivadavia y Rivadavia (más conocido como Bernardino Rivadavia), a la sazón secretario de Guerra del Triunvirato. No tenían pensado aún cortar los lazos con España.
    Fue así que, hasta pasado un siglo entero, no hubo en la Argentina ningún Día de la Bandera, y en ese transcurso pocos dispuestos a celebrarla como enseña nacional.

    Por ejemplo, hubo una primera y única vez que se la izó en Buenos Aires el 23 de agosto de 1812, en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari, donde hoy se encuentra el Obelisco.
    La Asamblea del Año XIII, si bien promovió secretamente su uso, no produjo normas escritas al respecto, aquejada del mismo temor de Rivadavia.
    Tras la Independencia, la bandera celeste y blanca fue adoptada como símbolo el 20 de julio de 1816 por el Congreso, que dos años más tarde le agregó el sol.

    Pero recién el 8 de junio de 1938, por ley 12.361 promulgada por el presidente Roberto M. Ortiz, se dispuso que el 20 de junio fuese declarado Día de la Bandera y feriado nacional.
    Fue en homenaje a Manuel Belgrano, fallecido el 20 de junio de 1820 en la pobreza más extrema y en el olvido más increíble, hasta el punto que sólo el periódico El Despertador Teofilantrópico publicó el aviso de su muerte con una resumida biografía.

    Todos los restantes diarios porteños lo ignoraron, debido a que estaban muy ocupados con la agitación política y social de esa hora: la guerra civil hizo que ese día Buenos Aires tuviera tres gobernadores.
    Pero, ¿por qué no se celebra el Día de la Bandera en su verdadera fecha, es decir, en la que eligió el propio Belgrano para enarbolarla por primera vez? ¿Qué necesidad hay de emparentar un hecho luctuoso con una creación tan sublime y perenne? Desde el ámbito educativo se respondió más de una vez que es mejor dejar las cosas así como están porque el 27 de febrero cae en plenas vacaciones y los alumnos no tendrían la oportunidad de celebrarla.

    La historia cuenta que veinte días antes de enarbolar la bandera, Belgrano -que se encontraba en Rosario al mando del Regimiento 5 de Patricios- le había reclamado al Triunvirato: "Me tomo la libertad de exigir a V.E. que se declare una escarapela nacional para que no se equivoque con la de nuestros enemigos".
    El distintivo propuesto era una escarapela azul y blanca que se adosaría al uniforme, en reemplazo de la colorada, que se confundía con la enseña realista.
    El Triunvirato le hizo saber su aprobación, y el 18 de febrero 1812 se creó la Escarapela de las Provincias Unidas del Sur, con los colores blanco-celeste-blanco, inversa a la actual.

    Pero el 27 de febrero, Belgrano informó al Triunvirato: "Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé a hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la Escarapela nacional. Espero que sea de la aprobación de vuestra excelencia".
    El problema fue que el Triunvirato no tenía pensado cortar aún los lazos con España. De hecho, poco antes el gobierno había proclamado "la unidad indivisible de la nación española de la cual forman parte las provincias del Río de la Plata".

    Belgrano no recibió a tiempo la carta de Rivadavia recomendándole que escondiera la bandera, porque el correo llegó a Rosario cuando él ya se encontraba en viaje hacia Salta para ponerse al frente del Ejército del Norte; y fue así como el 25 de mayo de 1812, la enarboló y la hizo jurar allí nuevamente.
    Cuando se enteró, el secretario de Guerra montó en cólera y volvió a escribirle a Belgrano, esta vez en un lenguaje mucho más enérgico: "El gobierno no hace más que dejar a la prudencia de V.S. la reparación de tamaño desorden, pero debe prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tal punto los respetos de autoridad y los intereses de la nación que preside", lo amenazó.

    El 18 de julio de 1812, Belgrano le respondió: "La bandera la he recogido y la desharé para que no haya ni memoria de ella".  


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